Cerezos en el jardín
viernes, 11 de abril de 2014
El sistema es éste: una entrega la vida y a cambio recibe lo que ellos nombran: amor incondicional, mejor dicho, ellos dan algo llamado: vida, estas dos cosas se reducen a una serie de acciones y comportamientos que se desarrollan en un tiempo limitado y que complacen -limitadamente como es de esperarse- lo que ellas buscan, no sé si todas las ellas puedan estar integradas en este apartado, en realidad sí lo sé, no todas pueden estar integradas a este apartado. La entrega también consta de un conjunto de replicas que serán dosificadas a lo largo del proceso de creación y recreación de lo que muchos se atreven a nombrar: parejas. Todo lo demás es teatro, faramalla, ilusión.
martes, 18 de junio de 2013
Entonces Sara empezó a entender que vivir en comunión con uno la abstenía de comulgar con todos los otros, para ella estaban prohibidos los paseos nocturnos por la Alameda, las visitas a cualquier café del barrio si no era del brazo de Elías, nada había más allá de los brazos delgados de Elías, nada, ni el olor de otro cabello, ni la camisa a rayas que usaba el vecino, no había otro hombre y
Supe lo que había sucedido por la media hermana de mi prima, en realidad los lazos familiares hacía mucho que se habían cortado, mi relación con ella era por demás extraña y casual, alguna vez nos habíamos encontrado en la librería del centro que está junto al viejo Wings, para mi sorpresa ella era amante de Watanabe, igual que yo, entonces la invité a tomar un café después de pelearnos por el último tomo de alguna antología del peruano y fuimos directo a la mesa, empezó por hacerme un recuento de la vida de toda la familia, yo tenía pocos meses de haber regresado a la ciudad y ella tenía mucho que no hacía nada de su vida más que sentarse a mirar a esa familia a medias que le había tocado desde niña.
Rememorar es tejer hilos que se habían escondido bajo el tapete que uno tiene ya sobre la mesa, empecé a escuchar muchas sorpresas, a Nina la habían dejado por segunda vez plantada a escasos días de ir al altar, Sofía había dejado las clases de baile, el piano y la preparatoria por irse con un muchacho que manejaba un camión por demás descuidado, de los hombres casi no me habló, eran tema aparte, dijo mientras se tomaba un sorbito del expresso cortado que le había recomendado, las tías -viudas casi todas, a excepción de mi madre que con sus 70 años sigue cargando a cuestas al gruñón de mi padre- seguían preparando el mismo mole para los cumpleaños y la misma receta de pastel de elote visitaba el horno cada mes.
Fue cuando hizo una pausa y me advirtió que no todo había sido miel sobre hojuelas, no sé cómo alguien podría creer que las rutinas espantosas de las tías o la mala suerte que teníamos las mujeres de la familia para relacionarnos con los hombres eran lo mejor de la anécdota, no podía creerlo hasta que me empezó a contar lo sucedido.
Mariana es hija de la hermana menor de la familia, la hija menor de una hija menor, se casó recién terminaba un curso de preparación para la escuela de medicina, tenía cuatro meses de embarazo y su marido era un muchachito que apenas le llevaba mes y medio de edad, sin trabajo, ni estudios más allá de los básicos decidieron mudarse a la casa de los padres de Abraham,
Rememorar es tejer hilos que se habían escondido bajo el tapete que uno tiene ya sobre la mesa, empecé a escuchar muchas sorpresas, a Nina la habían dejado por segunda vez plantada a escasos días de ir al altar, Sofía había dejado las clases de baile, el piano y la preparatoria por irse con un muchacho que manejaba un camión por demás descuidado, de los hombres casi no me habló, eran tema aparte, dijo mientras se tomaba un sorbito del expresso cortado que le había recomendado, las tías -viudas casi todas, a excepción de mi madre que con sus 70 años sigue cargando a cuestas al gruñón de mi padre- seguían preparando el mismo mole para los cumpleaños y la misma receta de pastel de elote visitaba el horno cada mes.
Fue cuando hizo una pausa y me advirtió que no todo había sido miel sobre hojuelas, no sé cómo alguien podría creer que las rutinas espantosas de las tías o la mala suerte que teníamos las mujeres de la familia para relacionarnos con los hombres eran lo mejor de la anécdota, no podía creerlo hasta que me empezó a contar lo sucedido.
Mariana es hija de la hermana menor de la familia, la hija menor de una hija menor, se casó recién terminaba un curso de preparación para la escuela de medicina, tenía cuatro meses de embarazo y su marido era un muchachito que apenas le llevaba mes y medio de edad, sin trabajo, ni estudios más allá de los básicos decidieron mudarse a la casa de los padres de Abraham,
jueves, 13 de junio de 2013
Sara entendió que había ya un punto final en su historia, los lectores dejarían de saber de su vida, bastaba saber sobre su destrucción, sobre su llanto, bastaba darnos por enterados de su hermoso cabello largo cortado frente al espejo del baño al saber de la muerte de Laura, de la muerte de su padre, del suicidio de Elías, de su soledad, no hay vuelta de tuerca para el lector pero para Sara, ella lo sabe, nunca es tarde.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)