martes, 18 de junio de 2013
Entonces Sara empezó a entender que vivir en comunión con uno la abstenía de comulgar con todos los otros, para ella estaban prohibidos los paseos nocturnos por la Alameda, las visitas a cualquier café del barrio si no era del brazo de Elías, nada había más allá de los brazos delgados de Elías, nada, ni el olor de otro cabello, ni la camisa a rayas que usaba el vecino, no había otro hombre y
Supe lo que había sucedido por la media hermana de mi prima, en realidad los lazos familiares hacía mucho que se habían cortado, mi relación con ella era por demás extraña y casual, alguna vez nos habíamos encontrado en la librería del centro que está junto al viejo Wings, para mi sorpresa ella era amante de Watanabe, igual que yo, entonces la invité a tomar un café después de pelearnos por el último tomo de alguna antología del peruano y fuimos directo a la mesa, empezó por hacerme un recuento de la vida de toda la familia, yo tenía pocos meses de haber regresado a la ciudad y ella tenía mucho que no hacía nada de su vida más que sentarse a mirar a esa familia a medias que le había tocado desde niña.
Rememorar es tejer hilos que se habían escondido bajo el tapete que uno tiene ya sobre la mesa, empecé a escuchar muchas sorpresas, a Nina la habían dejado por segunda vez plantada a escasos días de ir al altar, Sofía había dejado las clases de baile, el piano y la preparatoria por irse con un muchacho que manejaba un camión por demás descuidado, de los hombres casi no me habló, eran tema aparte, dijo mientras se tomaba un sorbito del expresso cortado que le había recomendado, las tías -viudas casi todas, a excepción de mi madre que con sus 70 años sigue cargando a cuestas al gruñón de mi padre- seguían preparando el mismo mole para los cumpleaños y la misma receta de pastel de elote visitaba el horno cada mes.
Fue cuando hizo una pausa y me advirtió que no todo había sido miel sobre hojuelas, no sé cómo alguien podría creer que las rutinas espantosas de las tías o la mala suerte que teníamos las mujeres de la familia para relacionarnos con los hombres eran lo mejor de la anécdota, no podía creerlo hasta que me empezó a contar lo sucedido.
Mariana es hija de la hermana menor de la familia, la hija menor de una hija menor, se casó recién terminaba un curso de preparación para la escuela de medicina, tenía cuatro meses de embarazo y su marido era un muchachito que apenas le llevaba mes y medio de edad, sin trabajo, ni estudios más allá de los básicos decidieron mudarse a la casa de los padres de Abraham,
Rememorar es tejer hilos que se habían escondido bajo el tapete que uno tiene ya sobre la mesa, empecé a escuchar muchas sorpresas, a Nina la habían dejado por segunda vez plantada a escasos días de ir al altar, Sofía había dejado las clases de baile, el piano y la preparatoria por irse con un muchacho que manejaba un camión por demás descuidado, de los hombres casi no me habló, eran tema aparte, dijo mientras se tomaba un sorbito del expresso cortado que le había recomendado, las tías -viudas casi todas, a excepción de mi madre que con sus 70 años sigue cargando a cuestas al gruñón de mi padre- seguían preparando el mismo mole para los cumpleaños y la misma receta de pastel de elote visitaba el horno cada mes.
Fue cuando hizo una pausa y me advirtió que no todo había sido miel sobre hojuelas, no sé cómo alguien podría creer que las rutinas espantosas de las tías o la mala suerte que teníamos las mujeres de la familia para relacionarnos con los hombres eran lo mejor de la anécdota, no podía creerlo hasta que me empezó a contar lo sucedido.
Mariana es hija de la hermana menor de la familia, la hija menor de una hija menor, se casó recién terminaba un curso de preparación para la escuela de medicina, tenía cuatro meses de embarazo y su marido era un muchachito que apenas le llevaba mes y medio de edad, sin trabajo, ni estudios más allá de los básicos decidieron mudarse a la casa de los padres de Abraham,
jueves, 13 de junio de 2013
Sara entendió que había ya un punto final en su historia, los lectores dejarían de saber de su vida, bastaba saber sobre su destrucción, sobre su llanto, bastaba darnos por enterados de su hermoso cabello largo cortado frente al espejo del baño al saber de la muerte de Laura, de la muerte de su padre, del suicidio de Elías, de su soledad, no hay vuelta de tuerca para el lector pero para Sara, ella lo sabe, nunca es tarde.
martes, 14 de mayo de 2013
miércoles, 3 de abril de 2013
El problema de Sara siempre fue saber que no podría decir que NO, por eso cuando Elías se acercó a besarla ella no se puedo negar, y cuando le pidió que dejará esa obsesión por las cartas de Rodríguez, ella dijo que no, que no las escribiría más, aunque por otro lado, el pequeño defecto de la negación la obligó a no poder negarse a Rodríguez, por lo menos en palabras...
sábado, 23 de febrero de 2013
Siempre fuimos un árbol, siempre tuvimos en lo más profundo las raíces, desde aquel día en que Y. y yo nos encontramos sentados, el uno al lado del otro, por casualidad, dejamos profundas todas nuestras cosas.
Así debería ser siempre el amor, aunque me atrevo a llamar amor a algo que quizá sea más que eso o menos, todo depende de qué época de nuestras vidas estemos contando, él, por ejemplo, no mencionó nunca esa palabra, yo, sin embargo, era lo único que sabía de memoria.
Así debería ser siempre el amor, aunque me atrevo a llamar amor a algo que quizá sea más que eso o menos, todo depende de qué época de nuestras vidas estemos contando, él, por ejemplo, no mencionó nunca esa palabra, yo, sin embargo, era lo único que sabía de memoria.
domingo, 10 de febrero de 2013
miércoles, 6 de febrero de 2013
miércoles, 30 de enero de 2013
A Y. por aparecer y no dejar rastro del pasado
De cada noche armo un tiempo,
si pudieras tratar de definir esta obsesión sería sin duda
una peregrinación nocturna hacia tus cabellos,
hacia tu boca hundida en el sahara,
he mantenido tanto silencio
que si de cada beso que me he callado
pudiera sembrar un árbol o un sueño
el mundo desbordaría por sus oceanos bosques
o luciérnagas con tus ojos,
aún dudas que ése sea mi sueño más recurrente
es que acaso no puede el amor ser luz
y el amado sólo un ser con alas,
sin tanto deslumbramiento,
sin la codicia del hombre
de ser mejor, más alto, más ruidoso,
más feliz que todo el que brilla a su lado.
Es así Y.
tú eres el amor y en cada paso que das te alejas, en cada paso
que doy me alejo,
pero un día la distancia nos unirá,
igual que une el silencio.
Bajé doce kilómetros para perseguir tu rastro,
tus botas anudadas a los tobillos dejaban esa huella entre calada en cada borde del río,
toda la tierra que llevabas bajo los zapatos me conducía a ti
y tú sin saberlo,
bajé corriendo doce kilómetros encharcados,
viendo crecer peces en mi mochila,
de cada gota de humedad un nuevo brote salía
a ese paso al final de mi expedición yo sería un bosque y tú
el abismo después del bosque.
tus botas anudadas a los tobillos dejaban esa huella entre calada en cada borde del río,
toda la tierra que llevabas bajo los zapatos me conducía a ti
y tú sin saberlo,
bajé corriendo doce kilómetros encharcados,
viendo crecer peces en mi mochila,
de cada gota de humedad un nuevo brote salía
a ese paso al final de mi expedición yo sería un bosque y tú
el abismo después del bosque.
Tardamos mucho en conciliar el sueño pero no dejamos de cerrar los ojos,
esperamos a que el cuerpo pesara,
como quince autos encima de nosotros, tres toneladas de caucho sobre cada pierna,
tardamos mucho en soñar pero manteníamos el bostezo,
la calma del que espera adentrarse al otro silencio,
al otro abrazo, a la respiración acompasada
esperamos a que el cuerpo pesara,
como quince autos encima de nosotros, tres toneladas de caucho sobre cada pierna,
tardamos mucho en soñar pero manteníamos el bostezo,
la calma del que espera adentrarse al otro silencio,
al otro abrazo, a la respiración acompasada
viernes, 18 de enero de 2013
jueves, 17 de enero de 2013
Suscribirse a:
Entradas (Atom)