Bajé doce kilómetros para perseguir tu rastro,
tus botas anudadas a los tobillos dejaban esa huella entre calada en cada borde del río,
toda la tierra que llevabas bajo los zapatos me conducía a ti
y tú sin saberlo,
bajé corriendo doce kilómetros encharcados,
viendo crecer peces en mi mochila,
de cada gota de humedad un nuevo brote salía
a ese paso al final de mi expedición yo sería un bosque y tú
el abismo después del bosque.
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