Sara no dejo de caminar, recorría cada metro de la larga calle con la misma ansiedad, miraba a su alrededor y todo era lluvia, en su cabeza una melodía taladraba, entraba por una neurona salía por la otra, Sara no dejaba de pensar en Elías y en su boca fresca, en su boca yerbabuena, en su boca delicadamente rosa, como si no fuese de un hombre sino de una delicada mujer, pero también pensaba en la dureza de sus ojos, en la infinita oscuridad de los ojos de Elías.
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