jueves, 29 de noviembre de 2012

Dijo Y.

En cada día existe una hora que se cataloga como la noche del día, la oscuridad de la luz, aunque cuando digo oscuridad me refiero a un dolor, a una soledad menos intermitente, un callejón sin salida del día. Como cuando el gato maúlla y busca el calor y sólo encuentra un viento helado que le eriza las orejas y su cola se mueve, se mueve entre los patios y entre los techos, el gato corre para no darle su lugar al frío, el gato corre para escapar de su realidad pero hasta en la más lejana orilla el aire lo alcanza y lo recorre, lo condena a la helada tortura de la verdad. El clima siempre a sido el némesis del gato, pobre de aquél que crea que es un perro porque entonces nunca a sufrido la realidad de un minino solo, de un minino en lo alto de la casa, en lo más cercano del viento, en lo profundo de la noche y el frío.

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