Instantes.
El techo.
Un gato, el caminar seguro de un gato hacía una hembra,
crujen hojas bajo cada paso,
un maullido,
el juego de perseguirse entre escombros
de azotea,
hay en los ojos de los dos
una planta que florece,
el sol se ilumina dentro de su persecución
el instinto o el amor
los hacen correr
uno al lado del otro,
el macho alcanza a la hembra y su lengua recorre
su cabeza gris,
ya no maúllan, hablan con la piel.
El techo.
Una gata ha dejado detrás de unas tejas
cinco crías,
a lo lejos escucha los maullidos,
trae consigo un pedazo de jamón
y de repente piedras llueven sobre ella,
el tino llega a su cabeza,
ha venido corriendo desde
el suelo de la casa,
unos maullidos,
sus ojos pegados al techo.
Dos instantes que tienen su diferencia
en la duración de la A que acompaña a MOR.
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